Diálogos escritos que desconocen el sonido de nuestra voz

Pequeña Mónica

Mirada perdida eres constante,

el rostro erosionado al que tiendo a regresar,

la voz que he olvidado, la que dolorosa se arrastra por mi garganta,

la angustia,

el dulce e ingenuo salto que pisa piedras y cruza charcos,

un ente eterno, a veces quieto…

*

Un grito en la distancia, una rodilla raspada,

el frágil cuerpo suicida…

Te debo tanto… Todo lo que fuiste me lo diste,

quieta de pie, jugando con tus manos,

quebrada por no haberme dado más.

*

Te escribo algunas noches, esperanzada con que algún día regreses a leerme,

te miento entre palabras para que creas que aún hay cosas que puedes cambiar.

No las hay, te enterarás al final de todos los cuadernos,

que nada de lo que hiciste fue excusa para tocarte,

que aquél cuerpecito quieto no tuvo culpa de absolutamente nada.

*

Está bien estar enojada, aunque sé que te obligo a sonreír,

a que rías, a que juegues, a pretender que nada aquí ha pasado,

solo para que por un momento podamos pretender que aún nos quedan carcajadas,

cuentos por leer, regalos por abrir…

*

Tengo una deuda contigo.

Y levantas la cara, con esos ojos negros bien abiertos y cansados.

Porque hemos vivido lo mismo una y otra vez ¿no es cierto?

Y me rompe, me mata,

saber que crecerás con esa angustia de creer que todo es tu culpa.

Nada lo fue.

*

Cuando nos dijeron que por nuestra culpa peleaban, no era cierto,

cuando nos dijeron que si decíamos algo, nos mataban, no era cierto,

cuando nos dijeron que lo merecíamos, no era cierto,

cuando nos asfixiaron para que no se escuchara nuestro llanto…

Mi niña, si no pudimos correr, o morderle, o empuñarle un cuchillo, no es ni nunca será nuestra culpa.

*

Es la sombra que no nos permite hablar,

la que no nos deja crecer,

la que nos obliga a vernos todo el tiempo sólo para confirmar que todo esto es real.

Y que no podemos escapar.

No hay lugar en este mundo en el que puedas esconderte.

*

No sé qué quieras a cambio.

Hace tiempo que, o lloras a gritos, o callas.

Y yo aquí tratando de entenderte sin hablarte, sin contenerte, ni abrazarte.

Siempre habrá un mejor lugar en el que podamos ocultarnos

pero ya pasó el tiempo de buscar.

No es momento de cerrar los ojos y perderse en el lienzo de nuestra pintura.

Está muerto.

Y su horrendo cuerpo no volverá.

*

¿Te he dicho que cada vez que estoy con un niñx me acuerdo de ti?

Y hago todas aquellas cosas que sé que queríamos pero no pudimos obtener.

*

Te avisto cuando camino por las calles, son mis momentos favoritos,

aquellos en los que jugamos a no pisar rayas, a que el suelo es lava,

instantes gloriosos en los que casi puedo tomarte de la mano,

entonces desapareces…

*

Daría lo que fuera por escuchar el sonido de tu voz diciendo: te amo.

Porque mi pequeña Mónica, yo te amo también.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *